jueves, 3 de abril de 2014

Piel húmeda (Ducha 1)



Con esta historia inicio una nueva serie de fantasías eróticas que, como es habitual en mí, oscilarán entre la realidad vivida y la imaginación creada. En este caso, las dos ilustraciones que acompañan el relato son dos muestras del trabajo de dos fotógrafos muy distintos, cuya obra apenas conozco pero de los que daré algunos enlaces para quienes deseen saber más de ellos. La elección ha sido obvia: el tema del relato ha forzado la búsqueda de las imágenes.

La primera fotografía que ilustra este relato es obra del fotógrafo de origen sur-coreano, pero afincado en Nueva York, Insuh Yoon. Nacido el año 1985 en la ciudad de Seul, en Corea del Sur, Yoon muestra un interés variado si bien siempre centrado en la fotografía femenina. Explora diferentes técnicas tanto en blanco y negro como en color. Muestra cierta inclinación hacia temáticas fetichistas, y por tanto, elaboradas, pero también en captar el momento directo, con sus modelos en poses casi robadas, sin preparación. En mi modesta opinión, demuestra una búsqueda hacia un estilo propio y personal que, tal vez, aún no ha logrado.

Los que quieran saber algo más sobre la obra de este fotógrafo, pueden seguirlo a través de algunos sitios de Internet:

La modelo de la fotografía es Camille Damage, una chica de 24 años de Minneapolis (USA), quien tiene algunos blogs interesantes:

La segunda fotografía es del artista mexicano Óscar Morales. Autodidacta, Óscar Morales nació en México D. F. en 1979 y empezó a ser conocido como fotógrafo en los ambientes gays. Actualmente trabaja realizando estudios fotográficos personales de desnudo y retrato. Su trabajo comercial está enfocado en books para modelos y actores.

Se puede seguir el trabajo de Óscar en algunos sitios de Internet:

Acabo de llegar a casa y mamá me ha abierto la puerta. Me da un beso, mientras yo me escabullo directo hacia mi habitación. Casi sin mirar, suelto la carpeta encima del escritorio y me siento en el borde de la cama. Me desato rápidamente los cordones de las zapatillas deportivas, me las quito y me vuelvo a poner de pie. Tardo una décimas de segundo en desabrochar y quitarme los pantalones y, mientras me voy quitando la camisa, me voy al colgador de detrás de la puerta. Cuelgo los pantalones, la camisa que ya está fuera y cojo la toalla que hay colgada en su sitio.

- ¿Dónde vas tan disparado? - me pregunta mi madre, al verme salir en calzoncillos de la habitación.

- A ducharme - le respondo, mientras me cuelo por la puerta del baño. La cierro y pongo el pasador. En realidad no es necesario porque no hay nadie más en casa y mi madre en la vida abriría la puerta del baño estando éste ocupado. Pero nunca se sabe...

Oigo como mi madre murmura alguna cosa ininteligible y se va andando hacia el comedor. Me termino de desnudar y me meto en la ducha. Nuestro baño es pequeño, de forma rectangular, con la puerta en un extremo y una ventana en el otro. La ventana da al patio de luces del edificio, donde coincide con los fregaderos y ventanas de dormitorio del resto de vecinos.

Sin perder más tiempo, abro el grifo del agua caliente y, cuando empieza a salir que ya quema un poco, abro el de la fría para regular la temperatura. Mientras, no he podido evitar entreabrir ligeramente las láminas de cristal de la ventana. ¿He llegado a tiempo? Sí, en efecto...

En la fila de ventanas de los baños que hay justo enfrente, un piso más abajo que el mío, se ve una forma femenina enjabonarse la cabeza. El cristal de su ventana es translúcido y no se distingue a la perfección lo que hay al otro lado, pero aún así, cuando ella levanta los brazos, con las manos enredadas en su largo pelo negro, se aprecian perfectamente las rotundas y bellas formas de sus pechos.

© 2011-2014 - Insuh Yoon - Shower.
No sé si mi imaginación me ayuda a completar lo que no puedo ver bien, pero el agua que arrastra el blanco jabón cuerpo abajo me permite gozar de la visión de dos pezones oscuros, grandes, que adivino duros y enhiestos... Al tiempo que mis ojos tratan de penetrar lo que el maldito cristal disimula, mis manos han bajado a calmar las ansias de mi polla. Se ha puesto dura y enorme, levantando su cabeza hacia el techo, reclamando esa carne femenina que, por desgracia, no puede alcanzar.

Un poco de jabón y el chorro del agua caliente cayendo sobre mi cipote, me facilitan la tarea de hacerme una paja brutal. Mi puño, cerrado con fuerza alrededor de mi carne erecta, sube y baja a velocidad de infarto, mientras mi atención no se pierde un detalle de lo que sucede en la ducha de mi vecinita...

Las atenciones al pelo han terminado y ahora es una esponja rosada la que va recorriendo las deliciosas curvas de la muchacha. Cuando me cruzo con ella en la escalera, esperando el ascensor o yendo y viniendo, no puedo dejar de apreciar lo terriblemente buena que está. Sus sesiones de ducha, cada día a la misma hora, me lo confirman. Aunque el puto cristal traslúcido apenas me deja ver nada, no puede ocultar la belleza y magníficas proporciones del cuerpo de la chica.

La esponja ha bajado por una larga pierna y el cuerpo inclinado de ella me revela la rotundidad de una nalgas que adivino tan perfectas como lo demás. Suelto un gemido, inesperado e incontrolable, cuando un largo chorro de semen ardiente brota de la punta de mi cipote que mantengo bajo el chorro del agua caliente. Estallo en una oleada de placer, mientras mi polla late y suelta borbotones de espesa leche...

El agua caliente hace que mi polla arda y la sensación es muy placentera. Un ramalazo de placer me recorre el vientre y mi mano enjabonada juega con la bolsa de los testículos mientras mi polla suelta las últimas gotas de semen. He cerrado los ojos y, en mi imaginación, la boca de la vecinita se cierra alrededor de mi cipote aún erecto y lo limpia, chupando con ganas los restos de lefa que lo cubren.

Unos golpes en la puerta del baño me sacan violentamente de mi mundo imaginario.

- ¿Qué estás haciendo? ¿Aún no has terminado? - la voz de mi madre me devuelve a la realidad.

- Sí, sí... Ya voy, - le digo, mientras pongo jabón en la esponja.

Será cuestión de darse prisa antes de que siga dándome la vara con la hora, con que ha de usar el baño o con que voy a terminar con las reservas de agua potable del planeta...
© 2007-2014 - Óscar Morales - Shower.

jueves, 18 de abril de 2013

Llegint poemes (I)

Avui m'he despertat sense ganes de fer gaires coses... Amb el cap mig adormit, com a mig gas. No tot el meu cos pensa el mateix. El sexe, dur com el mànec d'un martell, em tiba l'entrecuix i reclama que algú li faci cas. Al meu costat, ella dorm, girada cap a l'altre banda del llit, amb l'esquena apretada contra meu. El seu respirar em diu que està profundament dormida. Amb una ma, ressegueixo la corba llarga que neix a la seva espatlla i que acabarà morint cames enllà, molt més avall del seu maluc que atrau els meus dits com els d'un nen s'enganxen a un caramel. Ella sospira i, sense despertar-se, es tomba lleugerament cap a mi.

©  Jean Jacques André Photography - (1970) - Barbara 6

Deixa anar un altre sospir i torna a caure en un somni profund, delatat per la seva respiració lenta i tranquil·la. La meva ma s'atura perquè no vull despertar-la, així que es el meu sexe el que agafo amb ella. Ressegueixo el membre, sentint l'escalfor, que crema entre els meus dits. Baixo fins notar la pesada bossa dels testicles, plena i arrugada. Els acarono, separo i moc amb cura. M'omple el desig i estiro la pell, tibant el penis que s'allarga una mica més. Recordo els darrers poemes que he llegit, paraules que encenen encara més el foc de la meva imaginació...

I dins el meu cap ressonen els grunyits de luxúria d'un tigre mascle que olora la femella propera i que la busca incansable dins la selva. La humanitat perd consistència i torna a néixer la bestia que s'amaga a sota. Moments diversos del passat venen corrents a ajudar-me i torno a tenir entre les meves mans els seus pits plens i la boca recorda el sabor dels seus llavis oberts oferint l'aliment que calmarà la meva gana. El sexe s'enlaira sota els llençols, rígid i urgent, dur com una estaca. Recorda com s'obre la carn del seu cos quan la penetra, fins clavar-se tot sencer dins d'ella. Un foc mana com líquid ardent, omplint la carn de calor i arrasant el ventre amb els batecs de la sang que arrosseguen darrere seu onades de plaer.

©  Jean Jacques André Photography - (2000) - Amandine 4
El tigre macho roza su lujuria
sobre la hembra que la espalda arquea,
su vientre sobre el lomo se recrea,
muerde la nuca en controlada furia.

Así quiero asaltarte yo en el suelo,
adosando a tu espalda mi figura,
estrujando tus senos con ternura,
y entrando a tí, mordiéndote en el pelo.

Francisco Alvarez Hidalgo

©  Jean Jacques André Photography - (1970) - Barbara 4

Rubios, pulidos senos de Amaranta,
por una lengua de lebrel limados.
Pórticos de limones, desviados
por el canal que asciende a tu garganta.
Rojo, un puente de rizos se adelanta
e incendia tus marfiles ondulados.
Muerde, heridor, tus dientes desangrados,
y corvo, en vilo, al viento te levanta.
La soledad, dormida en la espesura,
calza su pie de céfiro y desciende
del olmo alto al mar de la llanura.
Su cuerpo en sombra, oscuro, se le enciende,
y gladiadora, como un ascua impura,
entre Amaranta y su amador se tiende.

Rafael Alberti


© Prosa: Pitufox27, diciembre 2012 - abril 2013.
© Versos: (1) Francisco Álvarez Hidalgo. (2) Fundación Rafael Alberti
© Imágenes: Jean Jacques André Photography.

domingo, 14 de abril de 2013

Reflexiones de un voyeur


Este post fué publicado el mes de agosto pasado en el blog que tengo en mi perfil Pitufox27 en deviantART. Hace un tiempo que abrí una página de usuario en ese sitio web dedicado a la fotografía, el dibujo y otras artes gráficas con la intención de visitar perfiles de los auténticos artistas que cuelgan allí parte de su obra y poder seguir sus trabajos. Aunque he subido algunas fotografías retocadas con Photoshop o con un sencillo editor que tenía en el móvil, y que pueden tener más o menos gracia, soy muy consciente de que la distancia que separa esas aportaciones del verdadero arte es la misma que separa la Tierra de Plutón. De todas formas, como los usuarios de deviantART son muy variopintos y entre las obras publicadas hay desde auténticas obras de arte a garabatos hechos por niños, me creí con la autoridad moral para subir mis pobres aportaciones con la misma libertad que los demás. En fin, que el post que aquí reproduzco hace una autocrítica de este blog, Sueños de Seductor y hago una lectura de mi interés por la literatura y la fotografía erótica, que me ha llevado a tratar de escribir relatos de este género. En cualquier caso, me parece una reflexión lo suficientemente interesante como para compartirla también aquí.


Desde hace muchos años, me gusta leer y escribir literatura erótica. Bueno, rectifico: leo literatura erótica, y escribo... ¡vaya Ud. a saber qué! Porque, aunque uno lo intenta y trata de hacerlo lo mejor posible, los resultados no siempre están a la altura de las circunstancias. Bien, dicho ésto, sigamos con lo que quería decir. Tengo una innata tendencia a extenderme en los detalles y eso, a veces, es un defecto difícil de corregir. El caso es que en esta anotación en mi bitácora en deviantART quería hablar de mi blog de narraciones eróticas que procuro ilustrar con imágenes de artistas de los que me gusta su obra.

He hablado de voyeurismo en el título. Bueno, es obvio... La forma como la fotografía erótica nos llega y atrae nuestra atención es idéntica a los estímulos que disfruta un voyeur. Lo que en inglés se suele llamar fine art o nude art es una de las formas más directas de estimular la imaginación del espectador, así como una de las temáticas más clásicas del arte de la fotografía y de la pintura. En mi blog he intentado ir presentando la obra de diferentes artistas que, bien porque sus imágenes se adaptan a mis historias, bien porque simplemente me gustan, realzan y convierten mis pobres relatos en algo más, en algo diferente. Reconozco que lo que hago ahí no es más que una suerte de vampirismo artístico, tomando prestadas las obras de arte para convertir mis narraciones en algo que no son.

Siempre he pensado que la creación es un proceso personal e interior del artista, pero que la obra, una vez publicada, toma identidad propia y pasa a pertenecer de alguna forma a quien la disfruta. Como escritor (perdón por la presuntuosidad de otorgarme semejante título que dudo merecer) es así como veo que evolucionan las cosas que escribo. Primero, y antes que cualquier otra cosa, escribo para mí, para satisfacer mis ansias de ver puesto sobre el papel (o la pantalla del ordenador, que a fin de cuentas hace el mismo rol) las cosas que, más o menos hilvanadas, se me van ocurriendo. Luego, cuando esos seres inanimados que son las palabras, se van posando sobre el soporte, ocurre un fenómeno que nunca deja de maravillarme. Ante mis ojos, van cobrando vida, respirando de forma agónica al principio pero cada vez más fuerte, y poco a poco se van independizando de mí.

Cuando escribo, las palabras más recientes apenas importan, las cambio a mi criterio, las borro, las convierto en otras... Pero el texto no deja de crecer y lo que ya lleva un tiempo escrito está vivo, es alguien. Es entonces cuando ya no puedo cambiar lo que he escrito. De alguna forma, empiezo las historias con una idea previa en la mente, pero poco a poco, se van transformando, cobrando vida propia y terminando siendo un ente distinto del que había imaginado. A veces entiendo el porqué el proceso de escribir se asemeja en algunas cosas al de tener un hijo...


Cabecera de mi página de perfil en deviantART

Mis relatos eróticos adolecen de muchos defectos. Eso lo sé. No en balde, si algo soy, es que soy un lector empedernido desde que aprendí a leer cuando tenía tres años. Por mis manos han pasado miles de libros. Millones de personajes. Cientos de miles de historias. Y aunque algo se pega, la verdad es que sé que no escribo suficientemente bien como para auto-clasificarme como escritor. Pero la verdad es que tampoco me importa demasiado. Hago las cosas lo mejor que puedo y me doy por satisfecho si consigo escribir algo que me convenza a mí mismo. A veces, leo algún comentario que me deja la gente y agradezco los buenos ojos con que muchos me leen. Otras veces, las críticas tienen razón.

Un relato erótico ha de tener ciertas características para ser considerado como tal. La más evidente es que su temática ha de despertar un cierto interés sexual en quien lo lee. La sexualidad y la forma como se accede a ella es radicalmente distinta en hombres y mujeres. Los hombres somos más directos, en nosotros predomina la vista. Las mujeres precisan de un acercamiento más indirecto, a ellas les motivan las palabras. En ese sentido, pues, la literatura erótica parecería estar pensada para mujeres, ¿no? Bueno, sí y no. La verdad es que no todos los relatos gustan por igual a mujeres y hombres.

Las historias que suelen preferir las mujeres tienen el sexo como temática principal pero contienen más cosas. Los personajes deben tener vida, ser algo consistentes y la historia debe narrar algo más que el mero "mete-saca" (como diría Alex, el protagonista de "La naranja mecánica"). Una historia que sólo describa la mecánica del acto sexual difícilmente merecerá la aprobación de muchas mujeres. La mayoría de ellas se sienten frías o incluso reticentes ante una historia semejante. Dicho de otra forma, el cine X no está pensado para mujeres. Una narración estricta de la mecánica sexual es como una imagen. Por eso suelen gustarnos más a los hombres...

Cuando escribo un relato erótico me centro en transmitir lo mejor que sé aquello que en ese momento me pasa por la cabeza. Entiendo que, si a mí me excita, al eventual lector también lo excitará. Por lo tanto, la forma como escribo es la responsable de mi principal defecto como escritor de narrativa erótica. Mis relatos suelen tener un exceso de detalles sobre el "mete-saca" que hemos dicho y suelen estar faltos de más descripción de los personajes o los lugares. En ese sentido, mientras los estoy escribiendo, la historia avanza según lo hace mi propia masturbación mental (luego comento ésto, que tiene su cosa...) y, como he dicho antes, una vez eso está plasmado sobre el papel virtual de la pantalla del ordenador adquiere vida propia y ya no sé cómo rectificarlo o corregirlo. De alguna manera me siento sin autoridad para practicar una suerte de selección natural y mis historias crecen sin que ningún genetista vaya podando las ramas que se muestran discordantes con lo que debería ser el conjunto de la obra bien escrita.

¿Por qué hablo de masturbación mental? Bueno, hay una cosa que está muy clara. El principal órgano sexual del ser humano es el cerebro. Es nuestra mente la que nos hace sentir deseo, excitación, necesidad... El placer viene de otros lugares del cuerpo. No me extenderé sobre los detalles que pueden encontrarse, muy bien explicados por cierto, en sitios tan clásicos como el Kamasutra, sin ir más lejos. Pero el motor de todo eso, donde radica la auténtica sexualidad, es el cerebro. Si la cabeza tiene ganas de sexo da igual si la polla se nos levanta o no, el caso es que iremos quemados por el deseo, babeando ante cualquier estímulo externo por nimio que éste sea. Si somos capaces de controlar nuestra cabeza, entonces podemos decir que nos hemos convertido en seres civilizados, en personas que saben controlar su sexualidad.

Y escribir narrativa erótica, como pintar cuadros o hacer fotografías de desnudos, no deja de ser una forma de masturbación, una manera de excitar la mente por nuestros propios medios.

Fella es el dibujo que personifica deviantART
Como voyeur, me asomo a mis relatos una vez publicados, ya que en todos ellos he usado ilustraciones de diferentes artistas. En cada relato hago una breve reseña de la obra de un fotógrafo o dibujante, procurando siempre documentar convenientemente las imágenes.

En deviantART hay numerosos artistas que fotografían o dibujan desnudos, tanto femeninos como masculinos. Gracias a su benevolencia, mi blog se enriquece con parte de su obra. Públicamente quiero agradecer a todos ellos el permiso que han dado para que use sus imágenes en mis relatos. Sin su ayuda, sé que mi página sería un sitio mucho más pobre.

lunes, 6 de agosto de 2012

Made in Japan (VI)


La sexta entrega de Made in Japan plantea situaciones de exhibicionismo. Fue escrita conjuntamente con las entregas 5ª y 7ª. Podría haber hecho un único capítulo con las tres entregas, pero su extensión me pareció demasiado larga y por ese motivo las fui colgando tal y como las presento ahora aquí. A menudo, las personas que me expresan su opinión sobre mis historias, se quejan de que algunas de ellas son demasiado largas, así que en este caso tuve en cuenta esas opiniones y traté de mantener unas entregas de tamaño manejable y fácil lectura.

El fotógrafo que ilustra con su trabajo el presente post destila erotismo sin necesidad de mostrar cuerpos desnudos. Al menos, no de la forma que estamos acostumbrados a verlos cuando hablamos de fotografía erótica o de desnudo. Takashi Shima, un artista del que apenas tengo referencias, se limita a fotografiar piernas de mujer, fetiche clásico pero siempre vigente para los erotómanos de cualquier cultura o momento. Aunque podrían ser contempladas por todos los públicos ya que no muestran nada especial, las imágenes de Shima son la esencia del erotismo. Belleza sugerida, fragilidad, inocencia, indefensión... son adjetivos que podrían aplicarse a sus modelos y que conforman una carga erótica evidente.

Las fotografías que muestro pertenecen a la galería de imágenes de la página web del bar de ambiente fetish Black Heart, situado en el centro del distrito Ginza de Tokio, un barrio conocido por sus tiendas y restaurantes.

He sido incapaz de encontrar ninguna referencia en Internet a este fotógrafo, cuyo nombre, por otra parte, es muy común, lo cual dificulta enormemente la búsqueda de información sobre él. Agradecería cualquier tipo de dato que me permita completar algo más lo que puedo decir sobre él.

© Takashi Shima - Wabi 0710.
Made in Japan (VI)


Saimiko vestida de colegiala era un bocado irresistible. Un día la hice vestirse de esa forma y la obligué a subir al coche. Dejamos el coche en un parking en el centro de BCN y la hice caminar Ramblas abajo, cogida de la mano. Creo que ningún hombre dejó de mirarla. Yo iba muy excitado y decidí entrar en un hotel pequeño. La corta falda de cuadros de Saimiko apenas conseguía tapar su culo desnudo. En la habitación, hice que se agachase y luego le arranqué la ropa y le clavé la polla en el medio de su sabroso coñito. Ella gemía sin poderse contener al notar cómo la estaba barrenando mi cipote tieso como un palo. Se corrió pidiéndome que no parase. Salí de su coño y le cogí la cara con una mano.

© Takashi Shima - Wabi.
- ¿Quién te crees que eres tú para darme órdenes? - le dije con voz muy severa y cara furiosa.

No se atrevió a contestarme y cerraba los ojos para evitar mi mirada. La monté sobre mi polla y me la follé mirando cómo disfrutaba de nuevo, moviéndose obediente arriba y abajo de mi sexo que abría completamente la estrecha entrada de su coñito. Cuando me cansé de follarme su coño, le ordené que cambiase mi polla de agujero. Ella tomó la gruesa vara de carne y puso la punta en la entrada del culo. Sólo tuve que mover mis caderas hacia arriba para que su culito, obediente, se abriera y me dejase sodomizar a mi bomboncito japonés.

© Takashi Shima - Wabi.
Ella no pudo evitar un pequeño grito de dolor. Luego, aceptó con resignación que mi cipote abriera mucho más su culo al entrar hasta el fondo. No paré de penetrarla hasta que mis huevos tocaron la pared y toda mi polla entera estuvo bien metida dentro del ano. Entonces, Saimiko, como siempre muy obediente, empezó a moverse arriba y abajo. Notaba en su cara y en sus gemidos que le dolía bastante. Tomé sus sabrosos pezones con mis dientes y se los iba mordiendo, haciéndola gritar, mientras ella seguía moviéndose con su culo ensartado en mi polla. La hice ponerse apoyada sobre las manos, con el cuerpo echado hacia atrás, mientras seguía clavada en mí. En esta posición, yo podía verle el agujero del culo y cómo mi polla entraba y salía al compás de sus movimientos. Metí mi mano a la fuerza dentro de su coñito. Gritó de dolor pero su orgasmo fué instantáneo. Sentí que mis cojones se contraían y gruñí como un cerdo mientras mi polla soltaba chorros de semen dentro de su culo y yo me moría de placer...

© Takashi Shima - Wabi.
Volvimos al coche y, mientras ella se reclinaba en el asiento y hacía como que dormía, le aparté la falda. Sus piernas se entreabrieron y, cuando el tráfico me lo permitía, le metía un dedo en el coño o jugaba con su clítoris. En un semáforo, pude ver la cara que ponía un taxista que paró a mi derecha. Saimiko tenía los ojos cerrados y respiraba entrecortadamente pues mi dedo la estaba excitando de nuevo. Paré en un pequeño solar, cerca de la Ronda de Dalt, detrás de un par de camiones aparcados allí. Sin que yo le dijera nada, Saimiko bajó la cremallera de mis pantalones y extrajo mi miembro que ya empezaba a tener una importante erección. Se lo metió en la boca y me la chupó durante un buen rato, hasta que, con un empujón, se la metí hasta el fondo de la garganta y vacié mi leche en su boca. Cuando se la hubo tragado toda, me limpió la polla con la lengua y colocó todo en su sitio. Luego, se recompuso la ropa. La dejé en el centro, donde siempre...

(Continuará)

© Takashi Shima - Wabi.

© Texto: Pitufox27 , Febrero de 2008.
© Imágenes: Takashi Shima y Black Heart.

lunes, 30 de julio de 2012

Made in Japan (V)


Seguimos con la historia de Saimiko. La serie Made in Japan alcanza con ésta su quinta entrega. La relación Amo-sumisa alcanza ya un punto de plenitud en el que no hay dudas ni vacilaciones, tan sólo una espiral de sexo y violencia que alimenta las pasiones de los protagonistas. Se van perdiendo las referencias con el mundo externo y ambos viven por y para su extraña relación...

Del mismo modo, sigo investigando el mundo de la fotografía erótica o de desnudos. En este caso he recurrido a las fotografías del artista italiano Alberto Lisi, conocido dentro del mundo del shibari moderno, el arte del kimbaku, como Hikari Kesho.

Lisi nacio en Pádova en 1958 y, desde que su abuelo le regaló la primera cámara fotográfica a los 10 años de edad, ha sido siempre un apasionado de la fotografía. Consiguió bastantes premios en exposiciones y certámenes amateur a partir de los 18 años, como miembro de un grupo de fotografía de su ciudad, el Fotoclub Padova. En 1985 decide pasar a trabajar como fotógrafo profesional y colabora con numerosas firmas del mundo de la moda. De forma paralela, sus gustos se decantan hacia la fotografía de desnudo artístico en B/N, entrando de lleno en la temática fetichista o BDSM.

La obra artística de este fotógrafo se puede seguir en Internet a través de numerosas páginas web dedicadas al mundo fetichista y BDSM en general, especialmente las que tratan el tema del bondage. A continuación hay una selección de páginas que contienen fotografías de este autor. No son todas, pero sí las que encuentro más interesantes:

© Hikari Kesho - fe 16 tying tiffany.
Made in Japan (V)


Todas la noches procuraba escribirle algún e-mail y algunas podíamos coincidir en el Messenger. En estas ocasiones, no solíamos hablar de nuestros encuentros, sino que volvíamos a ser aquellos dos desconocidos que charlaban de casi cualquier cosa. Yo aprovechaba para tratar de descubrir más cosas de la personalidad de Saimiko; cosas que se me hubiesen escapado en nuestros encuentros y que podía utilizar para idear algún otro tipo de juego para ella.

Saimiko había dejado de temer a su marido. A menudo me pedía que fuese más violento con ella, y yo no sabía negarme. Me estaba convirtiendo en un sádico... A veces la ataba, la azotaba y después me la follaba. Otras, dejaba que fuese ella quién me acariciase y me hiciese gozar, mientras yo me limitaba a contemplar cómo me chupaba la polla o se la ensartaba en el coño o el culo y luego cabalgaba sobre ella hasta hacerme correr de placer.

Yo había desistido de compartir a Saimiko con ningún otro hombre. Empezaba a desearla sólo para mí e incluso me sentía algo celoso de que su marido pudiese tenerla siempre que quisiera y sin necesidad de esconderse de nadie... Por otro lado, sabía que a ella tampoco le hacía gracia verme delante suyo con ninguna otra mujer. Desde aquél día de la puta, yo había repetido un par de veces el alquilar los servicios de una profesional. Incluso una tarde me follé a una chavalita, que había conocido en Internet, delante de Saimiko. Pero notaba que Saimiko sólo sufría, no conseguía gozar de esos encuentros y pronto dejé de intentarlo.

© Hikari Kesho - shi 026.
Descubrí una forma de tortura que a ella le llegó a gustar mucho. Yo ataba sus manos a la espalda y, sentado en una silla, la ponía boca abajo sobre mis rodillas. Mientras sujetaba su cintura para que no se moviera, con la otra mano iba azotando su culo. Con cuidado al principio, pero cada vez con más fuerza. Ella aguantaba bastante bien los diez o doce primeros golpes, pero después empezaba a gemir y luego a gritar de dolor. Entonces, yo la golpeaba brutalmente, con todas mis fuerzas. Incluso, para poder continuar indefinidamente, sustituí mi dolorida mano por una regla de madera de treinta centímetros de largo y unos seis o siete de ancho. El primer día que utilicé la regla, Saimiko gritó hasta quedarse afónica. Me asusté al darme cuenta que perdía el conocimiento.

Desaté rápidamente sus manos y la llevé a la bañera. La sumergí en agua casi fría y me abracé a ella, que despertó gimiendo de dolor. Su culo presentaba un aspecto horrible, completamente rojo, aunque había conseguido contenerme y no hacerle ninguna herida. Aquél mismo día, por la noche, recibí un e-mail de Saimiko en el que me confesaba que se había corrido antes de desmayarse. Cuando su culo se recuperó y se fueron los moratones, volví a usar la regla sobre su lindo cuerpo. Pero esta vez probé a golpearla en sus tetas. Descubrí que Saimiko podía gritar aún más fuerte... y desmayarse de dolor más rápido.

Otro invento: la até con cuerdas doblada sobre una silla. Era sencillo y no se me había ocurrido hasta que lo leí en un relato erótico. Colocaba a Saimiko doblada sobre el respaldo de una silla. Ataba sus tobillos a las patas traseras y sus manos, con los brazos completamente estirados hacia abajo, las ataba a unas anillas colocadas en la punta de abajo de las patas de delante. Eso dejaba a Saimiko con el culo completamente expuesto a mis caprichos. Podía follármela, azotarla, meterle cualquier cosa dentro... Ella sólo tenía que aguantar el dolor y gritar.

© Hikari Kesho - shi 027.
Si bien a Saimiko le gustaba que la tratase con violencia, descubrí que conseguía orgasmos más intensos y se abandonaba más a mi voluntad cuando la ataba. Supongo que la impotencia de no poder defenderse la convertía en un ser doblegado a mis caprichos. Y ella se liberaba así de cualquier sentimiento de rebeldía, de cualquier posible intento de negarse a lo que yo quisiera hacerle en ese momento. Por ejemplo, cuando la sodomizaba, ella siempre accedía. Incluso eran sus manos las que abrían la entrada para que mi polla la atravesase. Y siempre se corría con orgasmos intensos que la dejaban agotada. Pero sólo cuando la ataba y forzaba su culo con mi polla erecta, sin que ella pudiese ni siquiera moverse, los orgasmos la sacudían en auténticas oleadas, uno tras otro. Gritaba de dolor y placer al mismo tiempo. Yo nunca olvidaré cómo se acurrucaba entre mis brazos, gimiendo, cuando la desataba.

Otra forma de castigarla cuando se portaba mal: le colocaba un collarín de cuero, como a un perro, y lo ataba de una argolla en la pared. Hacía lo mismo con sus manos, que levantaba lo más arriba posible. Entonces, en el techo, había instalado un soporte con una polea. Bajando de ésta, pasaba una cuerda gruesa de esparto o pita entre sus piernas. Cuando yo tiraba del otro extremo, la cuerda se tensaba y levantaba el cuerpo de Saimiko del suelo. Se clavaba en su coño y ella gritaba todo el rato que yo quería hacerla sufrir. Cuando la bajé el primer día, tenía el coño ensangrentado. La tumbé de espaldas en la cama, cogí sus tobillos y doblé sus piernas hacia atrás. Entonces me la follé, clavándole mi polla hasta el fondo. Se corrió diez o doce veces seguidas, llorando y gritando como una loca.


(Continuará...)

© Hikari Kesho - shi 102.


© Texto: Pitufox27, febrero-marzo de 2008.
© Imágenes: Hikari Kesho.

lunes, 23 de julio de 2012

Made in Japan (IV)


Como los primeros tres capítulos de la serie Made in Japan gozaron de bastante aceptación entre los miembros del grupo de Netlog donde los publiqué, y dado que el tercer capítulo terminaba de forma brusca, me animé a seguir escribiendo las aventuras de mi alter ego y Saimiko. Con esta cuarta entrega, se termina la parte de historia que empecé en la tercera y se da un nuevo giro a la relación entre los protagonistas...

Como ya he comentado en otras ocasiones en los relatos de este blog, las imágenes que acompañaban la primera versión de éste fueron elegidas por ser una solución de compromiso entre lo que yo quería transmitir y la censura del sitio web donde fue publicado el relato. Disponer de mi propio blog en Blogger me está permitiendo elegir libremente las ilustraciones. Por otra parte, mi intención es que cada relato esté acompañado por fotografías o reproducciones de pinturas de un único autor y poder dar una pequeña visión de la obra de éste.

La elección de las imágenes en esta ocasión era difícil. Por un lado, existen numerosas galerías de fotografía erótica en Internet de las que podría haber extraído unas cuantas ilustraciones para este relato. Incluso, buscando un poco, se podían encontrar secuencias fotográficas que reproducían bastante fielmente lo que se narra en el texto. Pero la historia, desde mi punto de vista, precisaba una mayor sensibilidad. Por eso creo que mi elección final es más adecuada.

Las fotografías que he utilizado son obra del artista japonés 郡司蒼 (Ao Gunji). Este fotógrafo nació, vive y trabaja en Tokio. Siempre usa el blanco y negro, de forma casi exclusiva, sin abstracciones. Las fotografías de Ao Gunji están principalmente ambientadas en interiores, salvo algunas tomas en plena naturaleza. Por tanto, a pesar de vivir en una gran ciudad, sus obras no muestran referencia alguna de su entorno, siendo, en este sentido, obras globales. Empezó a hacer fotografías en 1999 y abrió su propia galería en Internet el año siguiente.

La revista de fotografía Photoicon dice sobre él: "Los trabajos de Ao Gunji son fáciles de reconocer dentro del mundo de la fotografía de desnudos. Tiene la particular habilidad de hacer parecer a sus modelos frágiles y elegantes sin emplear trucos de iluminación, efectos digitales o maquillaje".

No existe mucha información sobre este interesante fotógrafo en Internet. Pero quien desee ver una muestra mayor de sus obras puede seguir los siguientes enlaces:

© Ao Gunji - 26/02/2006 (2)
Made in Japan (IV)

Cuando a la noche me conecté al Messenger, Saimiko me había escrito un aviso. En un e-mail me contaba cómo su marido había visto que sus pezones estaban maltrechos y pensó que ella tenía un amante que se los mordía. Enfureció y la emprendió a golpes. Le dió una paliza que se saldó con un brazo roto y moratones por todo el cuerpo. Pero, a pesar de ello, Saimiko me decía al final del e-mail: “Nada me importaba. Había valido la pena”.

Su culo aún le dolía, pero me contó que se había corrido dos veces mientras la sodomizaba y que la sensación había sido inolvidable. Le contesté que se fuese preparando... Si hasta ahora había valido la pena, lo siguiente iba a ir para nota. No sé si comprendió bien el significado de esa expresión, pero quedó en verme al día siguiente.

Yo no podía sentirme más satisfecho de cómo estaban yendo las cosas con Saimiko. No sentía nada especial por esa mujer, pero los ratos que pasaba con ella eran perfectos. Mi imaginación empezaba a pensar en mil y un castigos y torturas para probar con ella. Por supuesto, también debían ser cosas que nos proporcionasen algo de placer, pero empezaba a tener claro que Saimiko disfrutaba con casi cualquier cosa que le hiciese daño a ella y me proporcionase placer a mí. Yo no me había considerado nunca un sádico, pero desde luego empezaba a creer que ella era una auténtica masoquista y el gusanillo del sadismo estaba haciendo mella en mí.

© Ao Gunji - 26/02/2006 (1)
Aunque era caro de alquilar (estamos hablando de unos 100 € por día) volví a quedarme con el apartamento de nuestra segunda cita. Hice unas fantásticas fotos de Saimiko en ropa interior. La visión de su cuerpo semidesnudo ofreciéndome el culo me tenía a mil por hora. Me apresuré a teminar de hacer las fotos. Pensé en llamar por teléfono y pedir una chica de alquiler. Cuando Saimiko oyó lo que pasaba, soltó un sollozo, se vistió en un momento y echó a correr hacia la calle.

Tardé en reaccionar, pero pude atraparla a tiempo y la hice volver conmigo. Al cerrarse tras nosotros la puerta del apartamento, cogí a Saimiko de su brazo sano y la hice girar bruscamente hacia mí. Su boca se abrió y nuestros labios se unieron. Ella cerraba los ojos para no incumplir mis normas.

Arranqué su ropa de cualquier modo, rompiéndole algún botón y dejando su precioso cuerpo desnudo a mi total merced. Prácticamente la arrastré hasta el sofá del saloncito y tras bajarme los pantalones y el slip de un tirón, me lancé salvajemente sobre ella hundiéndole mi cipote hinchado por el deseo en medio de su precioso coñito.

© Ao Gunji - 08/06/2002 (10)
Saimiko sólo gritó con la primera penetración. El resto de la violación se limitó a llorar en silencio. Luego, cuando a pesar suyo, su cuerpo empezó a reaccionar y a disfrutar con lo que le estaba haciendo, las lágrimas dejaron paso a un gemido apagado que fue aumentando hasta llegar a su primer orgasmo de la noche. La abracé en silencio. Sin sacar mi polla de su interior, la tomé en brazos y la llevé hasta la cama. Caí sobre ella, que gritó al sentir mi cipote chocar con el fondo de su vagina. Me incorporé un poco y la hice girar hasta tenerla acostada a mi lado, de espaldas a mí y con mi polla insertada en el coño.

- ¿Dónde te crees que ibas sin mi permiso? - le pregunté.

- Tal vez no soy bastante para mi Amo y Señor... - respondió con un hilo de voz.

- Precisamente. Soy tu Amo y Señor. Harás lo que te mande. Y si te mando mirar mientras me follo otra mujer, mirarás. ¿Entendido? - le dije con voz muy grave.

- Si, mi Señor... - fué su respuesta con voz ahogada por los gemidos.

© Ao Gunji - 05/08/2002 (5)
Yo me había empezado a mover y su pequeño cuerpo se sacudía bajo el impacto de mi cipote entrando y saliendo de su estrecho coñito. Saimiko gemía al compás de mis empujones. De vez en cuando, cogía sus cabellos y la doblaba hacia mí. Ella se giraba como podía y su boca recibía entreabierta la mía. Sus besos eran frescos y dulces, pero servían para encender aún más mi pasión.

- Quiero que abras con tus propias manos el culo para que yo pueda entrar en tí – le ordené.

Sin atreverse a protestar, Saimiko no sólo hizo lo que yo le mandaba. Cogió mi cipote a punto de estallar y lo puso en la misma entrada del culo. Luego, con sus dedos, entreabrió su ano y yo sólo tuve que empujar mi polla hacia dentro. Noté cómo aguantaba la respiración y su cuerpo se ponía rígido.

- No, así no, Saimiko – le dije -. Has de relajarte, olvidarte del dolor del primer día...


- No importa, mi Dueño... Sólo deseo vuestro placer – me respondió con apenas un hilo de voz.

© Ao Gunji - 05/02/2006 (6)
Tomé sus pechos con mis manos y le metí la polla hasta el fondo del culo. Cuando mis huevos tocaron el dolorido anillo del ano, ella trataba de no gritar. Su culito aún le dolía después de que lo hubiese desvirgado ayer a la tarde. El paso era aún tan estrecho que mi polla estaba en el mismísimo paraíso... Cuando empecé a moverme, sus gemidos aumentaron de intensidad. Puse mi mano libre sobre su sexo. Tenía el clítoris a punto de reventar. Gritó cuando lo apreté con un dedo y se corrió mientras yo no dejaba de taladrar su precioso culito con mi cipote hinchado hasta no poder más. Me dolían los huevos y quería romperle el culo con los golpes de polla que le estaba dando.

Cuando noté que mi cipote estaba a punto, solté su culo y me arrodillé en la cama. Con un par de movimientos de mi mano, mi polla soltó un enorme chorro de semen que manchó sus bonitos senos de blanco. Al acabar, su mano me acarició los testículos que colgaban aliviados después de vaciarse. Abrió la boca y limpió mi polla de los restos de semen, chupándola hasta dejarla reluciente. Estuve abrazado a ella durante casi una hora, los dos sentados en el agua tibia del jacuzzi. El cielo estaba muy, muy cerca...

(Continuará...)

© Ao Gunji - 05/02/2006 (2)

© Texto: Pitufox27, 5 de febrero de 2008.
© Imágenes: Ao Gunji.

lunes, 16 de julio de 2012

Made in Japan (III)


Con este tercer relato finaliza la serie original de Made in Japan. La primera versión terminaba en este punto. Era un final abierto, duro como la propia historia, muy lejano a los finales felices de las historias románticas. Pero es que, como es evidente, Made in Japan no es una historia de amor, aunque tenga momentos de ternura, sino una historia de deseo, dominación, sadismo y sexo... Mucho sexo y mucho placer. Como he contado en la introducción del primer relato de la serie, posteriormente completé la historia escribiendo los restantes capítulos, desgranando los sucesos que acontecieron después hasta llegar al inquietante final.

Esta vez he elegido para ilustrar mi relato la obra del fotógrafo alemán Norbert Guthier. A medio caballo entre Alemania (Frankfurt) y España (Barcelona), Guthier es un artista que tiene un amplio recorrido de intereses. Desde la fotografía de desnudo artístico, con fuerte carga sexual, al reportaje fotográfico de espacios naturales y animales en peligro de extinción, colaboración con diferentes artistas plásticos (son interesantes los proyectos synErgon y GuBo), fotografía publicitaria, colaboración en la ilustración de libros de música...

Pero si me he fijado en él para ilustrar mi relato es por su visión de la fotografía erótica. Como dice la web de la revista de fotografía Photoicon, las fotografías de Norbert Guthier transforman los encuentros eróticos en actos espirituales. Eso hace que nos olvidemos de las ideas tradicionales sobre las imágenes sexualmente explícitas y de las reflexiones morales convencionales. Según el poeta y crítico de arte argentino Carlos Barbarito, en su crítica sobre el libro de fotografías Kinky & blissful, aparecida en la web de arte fotográfico El Ángel Caído, los cuerpos en Guthier adquieren a los ojos del observador corporeidad, masa y peso, no como producto de una simulación del artista sino porque son frutos de una decisión suya de arrancarlos de la unidimensionalidad. Es decir, que Guthier se caracteriza por no disfrazar el resultado de las imágenes que capta, sino que permite que éstas hablen por sí mismas, recuperando por tanto el concepto tradicional de la fotografía de ser una técnica que capta la realidad.

Creo que será interesante para el lector poder seguir la obra de Norbert Guthier a través de algunos enlaces:

© Norbert Guthier - Intimate moments 7.
Made in Japan (III)

Pasaron unos días y no recibí ningún e-mail de Saimiko. Cuando entraba en el Messenger, tampoco había mensajes suyos y ella aparecía siempre como desconectada. Me extrañó un poco, pero podía ser que su marido estuviese unos días en casa... Al cabo de diez días, le mandé un e-mail que no obtuvo respuesta. Supuse que se había cansado de mí o que nuestros encuentros eran demasiado para ella, que se había asustado de lo que le hacía.

Un mes después de nuestro segundo (y último) encuentro, saliendo del despacho de un cliente en el centro de BCN, vi una mujer dentro de una tienda de ropa que reconocí enseguida. Era Saimiko. Sus ojos me miraron y se apartaron rápidamente cuando vio que la reconocía. Llevaba un vestido muy elegante y un brazo escayolado. Tenía cara de asustada. A distancia, la seguí cuando salió de la tienda. Ella se giró y me miró. Estaba claro que tenía miedo de hablar conmigo.

© Norbert Guthier - Intimate moments 9.
Cometió el error de querer despistarme entrando en una calle lateral. Eché a correr detrás suyo y, aprovechando que un hombre entraba en un portal, la cogí del brazo y la arrastré conmigo. Estaba convencido, como así fue, de que ella no quería llamar la atención. Así que disimuló y no trató de escapar. Subimos con el hombre al ascensor y, cuando vi a qué piso subía él, pulsé el botón del último piso. Al fondo del rellano había un tramo de escaleras y una puerta. Tomé de la mano a Saimiko, que aún no había abierto la boca, y subimos. La puerta estaba abierta y daba al cuarto de máquinas del ascensor.

- ¿Ha sido tu marido? - le pregunté, señalando su brazo escayolado.

- Si – respondió. - Vio mis pezones hinchados y con marcas del hilo y me dio una paliza. Pero no le dije nada...

© Norbert Guthier - Intimate moments 12.
A eso no supe que contestarle. Pero cerró los ojos cuando mi mano acarició su mejilla. Empecé a desabotonar su vestido. No hizo ningún gesto para evitarlo. Sus pechos estaban llenos de moratones, así como lo que pude ver de sus brazos y hombros. Llevaba ropa interior.

- ¿Así es cómo obedeces mis órdenes? - le pregunté duramente.

- No creí que nos volviéramos a ver... - respondió con un hilo de voz.

- Pues ya ves... Voy a tener que castigarte...

Sin decir nada, se quitó el sujetador y se bajó las diminutas bragas. Yo me desabroché el cinturon y ella se adelantó a mis intenciones: con su mano libre me bajó cuidadosamente el slip y luego se arrodilló frente a mí. Su boca se abrió y tomo mi polla entre sus labios. Solté un gruñido de satisfacción cuando su mano acarició mis cojones duros de deseo. Tomé su cabecita con mis manos y me moví dentro y fuera a mi antojo. Ella se tragaba mi polla hasta la garganta sin protestar. Pero yo debía castigarla, así que saqué un condón que llevaba en mi cartera (nunca se sabe) y se lo dí para que me lo pusiera.

© Norbert Guthier - Intimate moments 10.
- No quiero mancharme con tu sangre - le dije.

Me miró, sorprendida, olvidándose de las normas. Le solté un bofetón que dio con ella contra el suelo. Sin mediar palabra, la obligué a girarse y mostrarme su culo. Sollozando, lo levantó.Tenía ante mí su delicioso culito, indefenso y a mi total merced. No la preparé para lo que iba a hacerle. Simplemente, sin piedad ninguna, apoyé la punta de mi grueso cipote en la entrada del ano y se lo metí con toda la fuerza que fui capaz.

Gritó como un cerdo al que están degollando. Su culo era virgen. Mi polla apenas había conseguido entrar un poco, sólo la cabeza. Separé sus nalgas con las manos y seguí empujando mi cipote con todas mis fuerzas. Su culo se rompió y conseguí entrar hasta el fondo, chocando con mis huevos contra la entrada ensangrentada del ano. Enloquecí de lujuria y la follé salvajemente. Sus gritos y lágrimas sólo conseguían excitarme más.

© Norbert Guthier - Intimate moments 13.
Su culo ya no se oponía al movimiento desenfrenado de mi polla, que podía entrar hasta casi meter los huevos dentro y luego salir, quedándose el agujero abierto y sangrante ante mí. Cuando me corrí, sentí cómo me ardía por dentro el semen que brotaba de mi polla erecta al máximo y dura como una barra de hierro.

(Continuará...)

© Norbert Guthier - Intimate moments 11.


© Texto: Pitufox27, febrero de 2008.
© Imágenes: Norbert Guthier y Photoicon.